domingo, 18 de julio de 2010

Los ebooks interactivos.

Con la salida de mi nuevo libro, no he podido resistir la idea de crear un pequeño ebook promocional, donde se presente el libro de forma atractiva y sugerente, con las herramientas que proporciona internet.

El resultado es un pequeño viaje, donde podrás leer el primer capítulo de cada uno de los cinco cuentos que conforman "Los Cuentos de Ella".

Espero que te guste...

WWW.LOSCUENTOSDEELLA.TK

martes, 6 de julio de 2010

¡¡¡Por fin!!!



Amig@s, después de una larga espera, por fin, "los cuentos de ella" está disponible. Puedes adquirir tu ejemplar por 14,95 gastos de envío incluidos. Espero que lo disfrutéis.

Os dejo aquí una reseña hecha por Laura S.B.

Y la siguiente novedad nos la trae Bicho ediciones. Se trata de un libro
que recopila 5 cuentos de el autor e ilustrador (o mejor dicho,
artista) Miguel A. Mendaro, los cuentos de ella. Pasad por su
web para ver su trabajo. Este libro rebosa fantasía, dulzura e
imaginación, y además está ilustrado por el propio autor, con su
peculiar visión del mundo. ¡¡Es una ricura!!

lunes, 28 de junio de 2010

Operación Reanimar el BLOG


Liado como me lío yo solo, lo que peor he gestionado ha sido el blog. Tanto que casi se ha muerto. Pues nada, es hora de intentar darle un poco de vida. Veremos si soy capaz de reanimarlo, sacarlo del coma, del sueño profundo. De ese besito que casi se da con la muerte.
Sí.
La muerte.
Qué poquito faltó...

lunes, 13 de abril de 2009

sábado, 28 de marzo de 2009

GoAnimate.com: Luna de papel

GoAnimate.com: Luna de papel

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Luna de papel




No va a creer cuando le diga dónde estoy escribiendo esto. No obstante, lo intentaré:

Había nevado toda la mañana; llovió a mediodía y a las tres y doce minutos de la tarde, paró toda inclemencia y el sol salió. ¡Cómo atizaba! Terminó siendo una tarde de calor soporífero, rozando lo veraniego, y no cuadraba en absoluto con la mañana invernal que me hizo vestir como una cebolla.

Cualquiera que fuera la razón para tan extraño acontecimiento, el atardecer fue hermoso. Las estrellas fulguraban en un manto que iba desde el naranja, al azul y al violeta. La luna, era enorme, ¡nunca antes la vi tan grande! Yo, desde mi balcón, la miraba estupefacto, como si estuviera enamorada de ella (o él) y dije sin titubear: ¡Qué hermosa eres, joder! Y las estrellas tiritaron.
De pronto, floté.
Era, en cierto modo, como si me desinflara desde los pies hasta el pecho. Como si perdiera un peso que me había estado lastrando. Mientras buscaba el orificio donde había pinchado y por donde perdía aquello que me ataba a este mundo, cuando quise darme cuenta, los dedos de mis pies acariciaron la copa de un árbol. A pesar de lo excéntrico, me reía por las cosquillas y todos me miraban incrédulos desde sus ventanas, en la calle, desde los coches… Podríamos decir que era como el globo que pierde un niño. La suave brisa nocturna me llevaba a su antojo. La verdad es que estaba tan maravillado ante lo que me estaba sucediendo que no tuve tiempo para dar explicaciones a tantas bocas abiertas que me veían subir descontrolado, haciéndome cada vez más pequeño a sus ojos; cada vez más y más alto. Ya debía de ser tan pequeñito para ellos que, por si no volvía a bajar, grité:
— ¡Cuéntenle esto a algún periodista! ¡No sé, por si no vuelvo a bajar y me quedo volando para la eternidad!
No me respondieron, por lo que deduje que nadie me había escuchado debido a mi elevada altura ya. Allí arriba, el silencio era espectacular. Rascando mi cabeza, una nube me atravesó el cuerpo. ¡Qué sensación!

Ese confort, esa paz, se disipó cuando entendí aquella frase de: "Todo lo que sube, baja", Y: "Cuanto más alto subes, más dura será la caída". Entonces, grité horripilado: ― ¡Socooooorrooooooo! ― Pero nada, el silencio… ¡era espectacular!
Me dio por llorar tristeza. Entiéndalo, allí solo, a merced de las corrientes de viento… Aunque pronto, no supe cuál era la razón de mi llanto, de si mis lágrimas eran de jovialidad o de profunda congoja o una combinación ilustre de las dos. Embelesado ante la magia del lugar y el momento, pude tranquilizarme. ¿Cómo? Imagine un manto de luces bajo su cuerpo, una línea del horizonte que desdibuja la razón, la suave caricia del viento que le mece, las estrellas que le acarician con su luz, y la luna, que le susurra para que vaya hacia ella.
Ya estaba mucho mejor.
Un pájaro, digo yo que agotado por el viaje, encontró en mí una oportuna área de descanso. Ni se lo pensó, y tampoco creo que se diera cuenta de lo que yo era (un hombre flotando en el aire). Posado en mi brazo, le vi limpiar sus plumas y echar un vistazo hacia abajo. Y pronto levantó de nuevo el vuelo.

Me dio por pensar: ¿Podré yo guiar mi vuelo como él? Batí mis brazos como alas de pájaro, pero poco o nada ocurrió; no pareció surtir el efecto deseado. Instintivamente, braceé, como uno hace cuando nada. También, moví mis piernas como una rana y ¡Sí! Ya pude controlar mi vuelo. Era como nadar, igual de estiloso, tan simple como eso. No obstante, había una excepción: al pesar cada vez menos, no podía bajar. Lo explicaré con otra semejanza acuática: como quien tiene el trasero lleno de aire y no puede bucear hacia el fondo. Era lo mismo. Yo iba sin remedio hacia arriba y por mucho empeño que yo pusiera en bajar, lo único que sacaría de aquello sería cansancio y debía guardar fuerzas.
Despreocupado, nadé a crol, a mariposa, de espalda…. entre nubes que hacían de agua y de espejo a la luz de las estrellas y la luna. Con un fuerte impulso, decidí que era el momento de poner mi nariz y después mi cuerpo, rumbo a la luna.

El hecho de ver a nuestro planeta con esta perspectiva (hermosísima) me hizo madurar muchas cosas, y una de ellas destacó sobre las demás: Qué pequeños somos y cuánto ruido nos gusta hacer. Uno puede pensarlo allí abajo, sin embargo, desde aquí, flotando en el espacio, es irrefutable.
En mi camino espacial, me he topado con unos astronautas. (Qué casualidad, ¿verdad? ¡No será por espacio!) He hecho todo lo posible por pasar desapercibido y que no me vieran; no estaba de humor para hablar y menos aún, dar explicaciones sobre este peculiar trance en el que me encuentro, y pasé silbando, nadando a crol, con más orgullo y distinción que nunca, con mi nariz rumbo a la luna, que me miraba sonriente. Antes de llegar a ella, me dijo que no me enfadara, puesto que fue ella la que me atrajo al querer darme las gracias en persona por el piropo que le lancé desde mi balcón.
— ¿De verdad has hecho eso? ― le pregunté a la Luna.
— Sí― me respondió.
— ¿Sabes a cuanta gente inspiras?
— ¿De verdad? ― preguntó ella, ruborizada.
— Sí― respondí ―. Como a mí.
Aterricé perfectamente en su grisácea y ceniza superficie. Rozando lo profesional. Y es inevitable confesar esto: lo primero que busqué fue la bandera norteamericana, pero no la encontré. Si bien, di con una mesa y una silla y una máquina de escribir. ¡No puede ser! Grité.
Los días pasaron y pasaron, y mi querida Luna y yo vimos infinitos amaneceres y atardeceres. A la Tierra izarse y ponerse sobre el horizonte. Era precioso, fantástico, prodigioso. Lo nuestro se había convertido en una historia de amor idílica. Ella me proporcionaba un lugar privilegiado y yo a ella mis palabras, mis historias, que salían y salían a borbotones. Y sirviéndome de la máquina de escribir, comencé a relatarle mis ideas, mis temores, las historias del planeta que ella mira cada día, y lloramos, y reímos todo ello mientras cada repiqueteo de la máquina tatuaba al papel… y luego, juntos, convertíamos esas historias en aviones de papel que lanzábamos a la Tierra (yo lanzaba, la luna soplaba) para que, cuando aterrizaran allí, lo leyeran aquellos que quisieran, y lo creyeran aquellos que pudieran. Créame cuando digo que echo de menos mi hogar, pero es eso precisamente lo que me inspira y me hace valorar.
Es posible que, cuando mire al cielo, pueda caer otro avión de papel como este (ya le anuncio un escuadrón entero). Y porqué no, si tiene un telescopio ultra-potente, le invito a que busque: encontrará al hombre más feliz (y desdichado a ratos) de toda la Luna.

domingo, 11 de mayo de 2008

El árbol de las lágrimas




Hace un año acabé esta novela, tiene como título <<El árbol de las lágrimas>>. Por el momento la tengo colgada en mi web (http://www.mendaro-es.com/) (bueno, un trozo) y el resto puede descargarse gratis siguiendo un link. Aquí dejo el texto de la contraportada:


Jonás debe emprender un viaje repentino. Impedido por un cable intentará escapar recordando. Mónica, llora esta precipitada marcha sentada junto a él y su silencio en la cama de un hospital. Tres plantas más abajo en ese mismo edificio, Enrique, que asume una vida carente de movilidad por un accidente de coche, debe afrontar junto a su hermano Rubén, las consecuencias que ha dejado su joven bravuconería.

El árbol de las lágrimas es una historia sobre la capacidad del perdón del ser humano y sus límites en situaciones extremas. Narrado con humor, personajes imprevistos como Antoine de Saint- Exupéry o Mohandas Gandhi imaginados por Jonás, nos harán ver que hay aspectos de la vida que por culpa de la sociedad moderna, el conformismo o el trabajo, hemos llegado a olvidar.

Con un profundo sentido social y llena de magia, la novela nos llevará por el universo de los deseos y los sentimientos de sus personajes. Y de una forma bien articulada iremos descubriendo poco a poco las sorpresas del universo en el que viven —o no— todos ellos.